Definición del Problema. Adaptación a las Técnicas Descritas.

En las entradas anteriores hemos definido y dado ejemplo de algunas de las técnicas que se utilizan para definir un problema, y probablemente en estos momentos nos estaremos preguntando, ¿Cual es la técnica que mejor funciona? La verdad es que como en la mayoría de las cosas, uno tiene que elegir lo que mejor funcione para si mismo, que no necesariamente tiene que ser lo que le funcione a otra persona. Hay técnicas que trabajan bien para un tipo de situaciones y otras funcionan mejor para un tipo de problemas en concreto, aunque lo importante en este caso es trabajar con aquello que a nosotros nos ayude a obtener buenos resultados, y por tanto el problema de la elección de la técnica se convierte en algo muy personal.

En cualquier caso, la idea sería utilizar una aproximación lo más creativa e innovadora posible, que nos permita desarrollar una definición del problema con gran probabilidad de éxito. A partir de aquí viene una de las partes más complicadas. Parece que hemos definido el problema, pero es posible que no necesitemos solucionarlo o simplemente, una vez valorada la definición del problema, no queramos seguir adelante en busca de la solución.

Ahora tenemos definido y cercado el problema, pero,….,

  • ¿Debemos solucionarlo?
  • ¿Cuales son los recursos necesarios para resolver el problema?
  • ¿Cual es el coste que puedo destinar a su solución?
  • ¿Cuanta cantidad de gente puedo destinar al problema?
  • ¿De cuanto tiempo disponemos para solucionarlo?
  • …..

Todas estas son preguntas claves, que debemos poner en práctica antes de resolver el problema. En nuestra primera parte de Definición del Problema, habremos alcanzado la suficiente comprensión sobre lo que estamos hablando, con lo que podremos trabajar en el sentido de responder a las preguntas anteriores.

Imaginemos que tenemos una máquina que presenta un ruido y una vibración extraña. Es probable que estos problemas sean del tipo de problemas que hace años que estamos aguantando. Es un ruido y una vibración que están ahí, pero que no nos impiden realizar nuestro trabajo, y que no causan ningún problema de calidad, ni daño medioambiental en el taller.

Es cierto que es un problema inquietante, pero es posible que aclararlo o resolverlo, suponga una inversión extremadamente alta, además de una “no disponibilidad” de la máquina durante un periodo de 1 mes por ejemplo. Debido a estas causas, es probable que decidamos vivir con el problema mientras la cosa no vaya a más, o simplemente extender el plazo de funcionamiento durante unos meses, mientras esperamos que una mejor ocasión para repararla aparezca.

En la figura de esta entrada, mostramos un diagrama de flujo que describe la decisión de resolver o no un problema.

A partir de ahora, y una vez ya hemos definido el problema, tenemos que asegurarnos de que somos capaces de conseguir y de generar la mejor solución posible. No deberemos perder nuestros ánimos cuando los problemas no sean solucionados inmediatamente, sino que hemos de perseverar de forma constante y trabajar para conseguir soluciones. Esto son temas que iremos viendo en las próximas entradas de esta colección.

 

 

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